Siempre he admirado a la gente con vocación. Me refiero a esas personas que desde muy temprano tienen claro que hacer con su vida y ponen todo el empeño y el tesón enfocando todas sus energías en esa única área. De esta forma nos encontramos con personas que por estar correctamente encaminadas, se destacan en los campos que escogieron para expresar día a día aquello que les brota naturalmente desde las fibras mas internas de su ser, transformando su entorno la mayoría, y el mundo algunos otros, con sus actos llenos de compromiso y calidad en lo que desempeñan.
Pero también resulta de lo mas común encontrar a hombres, mujeres y hasta niños, desfilando por la vida sin tener ninguna claridad acerca de sus actos o del proyecto de vida que siguen como zombies, desconociendo que quizás su trastabillar permanente obedece a estar en el lugar equivocado pero sobre todo haciendo las cosas equivocadamente, no solo por desconocimiento sino por falta de vocación para realizarlas correctamente.
Era usual cuando yo era niño, escuchar a los demás vecinitos que íbamos con nuestros padres a que nos motilaran donde el señor Víctor Amor, en el centro de la ciudad amurallada, decir lo mucho que les gustaría ser peluqueros al crecer. O médicos como el Dr Pomares o el Dr Ordosgoitia, en fin, los ejemplos abundan.
Desde hace muchos años los Cartageneros y visitantes de otras regiones que se han quedado definitivamente en nuestra ciudad, hemos presenciado con desconsuelo como personajes de toda índole abarcan y ocupan lugares y escenarios publicos y privados, careciendo del mas mínimo atisbo de talento o vocación para ello: Así, observamos desde actores de television (todavía recuerdo a Jaider Villa, Naren Daryanani o Lincoln Palomeque, por dar pocos ejemplos), cantantes (Fanni Lu, Juanes, o el incomprensible caso de Jerau: sin talento, sin voz, sin letras, sin música...) , políticos (Jesús Puello Chamie, Giovanny Meza, Alberto Barboza, Andrés y Frank Ricaurte, José Ricaurte... la lista seria infinita), periodistas y presentadores (Vicky Davila, Calero, Jota Mario, el padre Chucho, Hernan Orjuela, Cesar Augusto Londoño, Andrés Marocco...). Todos tienen en común lo antes dicho, pura y simple falta de talento y vocación. Varios han recibido premios y reconocimientos, pero en un país en el que el pseudo escritor Santiago Gamboa gana un premio de novela sin saber escribir y Jaider Villa gana un concurso de actuación sin poder hilvanar dos palabras, y con una expresión corporal digna de la india Catalina, merece todo mi escepticismo al respecto.
Sin embargo, todas las personas que utilice de ejemplo, tienen otra cosa en común, y es que todos llevan años desempeñandose, mas mal que bien, en sus respectivas areas, y la gente los identifica por ello.
Al preguntar en Cartagena por Campo Elias, todos con unanimidad responderan que se trata del famoso locutor radial del noticiero popular. Hasta ahí estamos de acuerdo. Estoy seguro que ningún Cartagenero me hablarà de sus virtudes comunicativas, ni de sus memorables conclusiones filosóficas acerca de la vida y el mundo, mucho menos de los aportes que como buen ciudadano ha hecho en beneficio de la ciudad. Lo dudo. No podrian. Y no podrian porque carece de todas ellas. Un comunicador (recién graduado) que solo se hizo destacable por su ramplonería y vulgaridad utilizando los micrófonos de una emisora local, deja claro con lujo de detalles lo afirmado arriba, sin embargo, y a pesar de mi propio parecer, es sin lugar a dudas este estilo vulgar y popular lo que ha determinado su vida y obra a lo largo de los años, es para esto, para bien o para mal, para lo que tiene vocación.
Pensar que el haber conseguido migajas para mi pueblo, desde la cabina de una emisora, a través de amenazas y bullas, sacando provecho para si mismo y para su familia (¿o no Egla Teheran?) lo faculta para dirigir los destinos de mi ciudad, francamente me da escalofríos. Aplaudo con fiereza y promuevo desde aquí la participacion en política de las clases sociales menos favorecidas, pero no se puede dejar de lado la preparación y la capacitacion correspondiente para poder afrontar dicha labor. Los egos y vanidades no pueden ser motivadores de campaña alguna (no es indirecta Juangui). Y como dice uno de nuestros lectores mas asiduos: popularidad no es sinónimo de calidad o capacidad, y mucho menos de liderazgo.
Seria intolerable que se repitiera en Cartagena lo acontecido en Bogota con el concejal lucho el lustrabotas, o en Cali con el archifamoso locutor Jhon Maro Rodriguez, cuya gestión fue tan horripilante que después de 8 años los caleños aun no logran reponerse de tal descalabro. A pensar con la cabeza mis paisanos.
Facebook: La Verdad Pelada.
